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Asómate a la ventana y mira, escucha, habla...y comparte conmigo tus impresiones.

"Hermanos, comencemos, ya que hasta ahora poco o nada hemos hecho..."

Un gran Santo, el más pobre en lo material, pero el más rico en lo espiritual dijo en su lecho de muerte: "Hermanos, comencemos, ya que hasta ahora poco o nada hemos hecho...". Ese gran Santo era Francisco, y si él dijo no haber hecho nada, ¿que hemos hecho nosotros? Empecemos a hacer algo para cambiar el mundo, ¿no os parece?

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domingo, 15 de abril de 2012

ÚLTIMO DÍA DE TRABAJO EN GRANADA.


         Esta mañana me levanto mejor. Todavía tengo algo de dolorcillo de cabeza, pero ni mucho menos como ayer. Incluso voy a casa de Rosita a desayunar, y aunque no puedo con los dos kekes, uno sí que me lo liquido.

         Hoy tengo que visitar Olleros. En eso quedamos el otro día, ya que ayer empezaron a verter hormigón sobre la zanja que hicimos. Antes de esto tengo que resolver un asunto, y es que los zapatos que me quedaron pendientes el otro día los tengo que repartir. Me pongo manos a la obra y, casa por casa, voy tachando niños de mi agenda.

         Por supuesto, tengo a mi vecinita de enfrente, al niño Franco Llermi un poco más arriba, a la niña que le tenía que cambiar las zapatillas de niño por unas de niña, también la niña de Asunta y otro par de niños más... Pero sobre todo, el que me falta es Harold, el pequeño que me inspiró al tema de los zapatos solidarios... Como me decía Jorge, al final va a ser cierto... el inspirador va a ser el último en recibir sus zapatos... y así ha sido.






         Al final, lo importante es que los tiene, le gustan y por fin le quedan bien. Su hermano ya los tenía del otro día.

Aquí lo tienen con su calzado nuevo.
         Una vez que termino con el tema de los zapatos, me puedo ir tranquilo a Olleros, así que le pido la moto a Milton y me voy. Me llevo las botas de jeve, como dicen aquí, y para allá el tiempo me respeta. Llego sin problemas y visito la obra. Está Dionisio Melanio, o Melanio, como todos le llaman. Es el teniente alcalde y está metido en la zanja repartiendo el hormigón que le llevan en la carretilla. Ya tienen media zanja hormigonada en el fondo, y para mi sorpresa, unas mujeres bien mayores están metidas al final de la zanja, y a pico y pala, van sacando la tierra de la zanja. Las mujeres son voluntarias, como otros tantos... Aquí se han formado diez grupos de diez trabajadores para que ningún día falte personal. Como tienen cemento, arena y grava, están trabajando a pleno rendimiento.

         Me fijo en las mujeres, les echo fotos y, de pronto, me fijo en la pantalla de la cámara y veo que una de las señoras no tiene botas de goma, sino unas sandalias con los pies al aire. La zanja está llena de barro y los pies los tiene que da pena verlos. Lloviendo y en el barro, y ella descalza. Por eso, le pregunté su número de pie y me fui rápido a una tiendita a comprarle sus nuevas botas de goma del 37. Por cierto, el viaje a comprarlas fue providencial, porque en plena tienda me dio un apretón al estómago y compré un rollo de papel (por si acaso) para salir pitando al baño de la municipalidad... Nunca me alegré tanto de ser tan previsor y comprarlo por si acaso... de otro modo habría tenido un serio problema. Pero hablando de algo más agradable, os diré que llegó la hora del almuerzo y la señora con los pies al aire estaba en una casita increíblemente humilde junto a la municipalidad. Como tenía las botas en la mano, se las di y le dije que esta tarde iba a trabajar con botas.

Estos son los pies de la trabajadora de la zanja
Enseñando sus nuevas botas
         Poco después me dijo Melanio que es la mujer más pobre de todo el pueblo, aparte de ser viuda y vivir sola. Dice que vive de lo que ella misma cultiva en la chakra, además de las ayudas de sus propios vecinos, así que nunca en todo este tiempo había sentido tanta alegría por entregar un regalo. Yo no lo hice por eso. Ni siquiera sabía su penosa situación, aunque intuía que muy rica no debía ser... Ella agradecidísima, se puso las botas por la tarde como quien se ponía unas Nike Jordan en los años 90.

         Antes de verla con las botas puestas, me voy a comer a casa de los papás de la secretaria, que es quien me invita hoy. Yo iba pensando en la mujercita de las botas y para nada intuía lo que me esperaba... hacía mucho que no sufría tanto comiendo, y es que me esperaba impaciente sobre el plato mi amigo el Cuy... ¡¡qué mala suerte!!... ¡¡Maldito Murphy!!... es el último día que como en el Alto Imaza y me tiene que tocar Cuy.

         Curiosamente, mi primera comida en el Alto Imaza fue Cuy, y cómo no, mi última comida será Cuy..., y encima la primera fue en Olleros y la última también lo va a ser... pero esta vez es peor. ¡¡Está casi crudo!!, y para rematar la faena, siempre ponen una mitad del bicho, pero hoy me ponen el Cuy entero... las dos mitades sin separar siquiera una de otra. Sólo de verlo en el plato me da otro apretón.

Solo le faltaba la cabecita...
         Recuerdo que mi primer Cuy me lo comí después de almorzar por primera vez en Granada, el día que fuimos por primera vez con el Obispo. Ese día casi me da un ataque al tener que comerme el bicho que el día anterior juraba que no probaría, y encima sin ganas, después de haber almorzado ya... Hoy recuerdo aquel día, ya que con la fiebre y el estómago revuelto, no tengo ganas de comer nada, y sin embargo, me ponen el plato con arroz, papas, Kinua y el “adorable” Cuy encima tirado en plancha y esperando ser devorado. Lo que él no sabe es que no tengo ningún interés en hacerlo...

         Me dejan solo en el comedor-cocina de la casa y es entonces cuando pienso en una estrategia para hacer como si me lo comiera, pero dejándolo... Si lo tiro por la ventana corro el riesgo de que entren y vean que el Cuy ha desaparecido demasiado pronto, además de que habrían pensado que soy una bestia parda que no deja ni los huesecillos del bicho. También podría darse el caso de que los perros que están fuera volvieran con el Cuy en la boca y me delataran... tendría que decir que se me ha caído por la ventana, cosa poco creíble... Otra opción es meterlo en una bolsa y al bolsillo, pero estaría en las mismas, ya que nadie (ni siquiera los peruanos) se come un Cuy sin dejar rastro de él... No tengo salida... tengo que comérmelo.

         Cuando viene la secretaria a verme, no lo he probado, y entonces se me ocurre la excusa perfecta.... le diré que tengo fiebre porque estoy pasando la gripe y que tengo el estómago revuelto, así que no puedo comer... y según entra, le digo:

         - Señorita... lo siento mucho, pero me encuentro fatal porque acabo de pasar la gripe, tengo fiebre y el estómago revuelto... así que no puedo comer nada. Se lo agradezco, pero como todavía no he tocado el plato, puede dejarlo para otro momento...

         Y la secretaria me dice:

         - Bueno, bueno... no pasa nada, puedes dejar todo, pero el Cuy te lo comes..., ¡¡¡no lo vayas a dejar!!!

         He puesto tres admiraciones en la última frase porque es como sonó... Reconozco que incluso me dio un poco de miedo, y luego rabia.

         - Señor, te ofrezco este sacrificio que voy a hacer. Tú sabes que esto me va a costar tela... así que, paradójicamente, te ofrezco este imposible por el hambre en el mundo... Sí, ya sé que no está bien ofrecer una comida como sacrificio por el hambre, pero tú sabes que para mí esto es más difícil que ayunar... Te aseguro que preferiría estar tres días sin comer, pero claro, eso tú ya lo sabes, así que no tengo que darte explicaciones...

         Y me pues manos a la obra... 

         Poco a poco, una patita, la otra... un trocito de un costado.. otro poco de por allá. Vamos, que guarreé todo el Cuy y le quité unos pocos gramos. Entre arcadas me tapaba la nariz, y tomaba un gramo de Cuy y dos cucharadas de arroz para disimular el sabor, pero sobre todo la textura...

         Si le daba la vuelta al Cuy, me entraban ganas de vomitar, así que lo dejaba siempre panza arriba... y en media hora interminable, dejé el Cuy más o menos sin carne. Eso sí, los huesecillos no los aproveché y dejé toda la carne pegada... me dediqué a probar un poquito de cada parte para que los anfitriones vieran que ataqué por todos los costados.

         De postre me pusieron unas cuantas piezas de Mauxán, una fruta natural de por aquí con la que se hace también té y licor. Está mejor, aunque algo amarga... Luego me dicen que la piel no se come... ¡ahora me lo dicen!

         Cuando vino la madre de la secretaria, la cocinera, le dije que sentía mucho no poder haber comido más, pero que tenía fiebre y bla, bla... y parece que me entendió, pero seguro que por dentro pensaría que en la hora que le puso tal manjar al bellaco este...

         Como no quería ser descortés, más aún me refiero, le dejé 10 soles debajo del plato, así al menos, las lágrimas de ver un Cuy desperdiciado por el español infiel, se verían interrumpidas por la visión del billetazo una vez retirado el plato... Que pena me daría no ver ese cambio de cara...

         Regreso a la Iglesia contentísimo por haber acabado con el trance gastronómico. Acompañado de la secretaria, le reconozco mis problemas con los Cuyes, a lo que me dice que lo entiende perfectamente... pero claro, para eso le tengo que hacer ver cómo se sentiría ella si va a China y le ponen en un plato la cabeza de un perro para comer... Solo entonces entiende mi postura...

          Ya olvidado el asunto, me topo con la señora de los pies al aire con sus nuevas botas puestas, lo cual me da una satisfacción enorme. Me mira, me sonríe y me señala con la vista hacia los pies... como aquella que va a desfilar por la “pasarela zanja de barro”. Y desfila para que la vea... ¡Toma ya!

         Me dice una compañera que, de haberlo sabido, ella también habría venido descalza, porque sus botas ya son muy viejas. A esa indirecta, le respondo con un “buen intento, señora...” y me las piro antes de que la tercera suelte también su reivindicación... Ahora la que tenía los pies al aire tiene botas nuevas y las que tenían botas viejas la miran con envidia... ¡¡Cómo somos!!... Decimos que queremos lo mejor para nuestros amigos, pero cuando vemos que tiene lo mejor, y que es mejor que lo nuestro, si pudiéramos le meteríamos una colleja y le diríamos que valiente mastuerzo está hecho...

         Esto mismo es la definición por excelencia de lo que venimos llamando “pobreza espiritual”... Muchos se piensan que aquí sólo existe pobreza material, pero están equivocados... La pobreza material se acaba con dinero, pero la espiritual no, es más, a más dinero más pobreza espiritual. ¡¡Qué pena de tanto pobre rico como hay en España...!!

         Aproveché para traer a Olleros todos los juguetes que ya estaban repetidos en Granada. Los iba guardando en una bolsa aparte pensando en dárselos a otros niños que no los tuvieran, así que me los traje. Fue un éxito, porque convocamos a todos los niños a las dos de la tarde en la plaza y se presentaron unos pocos... les repartí los juguetes, caramelos y cuentos, y aún así me sobraron todavía. Todos los que sobren serán para Katy, para que los reparta entre sus niños.

         Bueno, pues acabada la inspección de obras y la entrega de juguetes me empiezo a despedir de la peña, me monto en la moto y me voy. Pero claro, el camino de vuelta no sería como el de ida... El amigo Murphy tenía más ganas de guasa, y me hizo volver bajo una tormenta apoteósica. Sabía que ese trayecto de Olleros a Granada iba a ser mi último trayecto en moto por las tierras peruanas, así que qué mejor manera de despedirme que con un millón de litros de agua y un camino imposible... Pero pensé que el Murphy debe creer que me importan sus tonterías, así que le dije mentalmente que se fuera al cuerno... y se fue, porque llegué a Granada sequito bajo mi poncho peruano y con mis botas “Katiuskas”. Claro que tuve suerte de cambiar el poncho del Coronel Tapioca por un poncho malo de Perú, y si el cambio ha sido espléndido, imaginaros cómo sería el del Tapioca.

         Llego a Granada y ya estoy recuperado... casi no tengo dolores, a excepción de los de coxis por causa de la moto y el terrible camino.

         Allí me esperan los mozuelos, sabedores de que hoy es su última película.... no puedo fallarles. Y como hoy serán los últimos regalos, tengo preparados todos los que fui acumulando durante los dos meses para esta ocasión: Balones, bolos, bingo, monopoly, relojes..., vamos, cosas buenas por una vez.







         Los separo por hermanos para darle a los hermanos los juegos colectivos, como balones o monopoly, y a los hijos únicos les voy dando relojes, grapadoras y un regalo de una caja que me dio Toni de regalos de navidad que sobraron. Eran regalos bastante bueno, incluso de mejor calidad que los mejores que yo había comprado, así que aproveché para repartirlos todos y los niños fliparon con la última entrega de jueguetes... debieron pensar una de dos, o que había perdido la cabeza o que era un santo...

         Antes de repartir los juguetes, Toni les dio una charla para animarles a darme un abrazo de despedida, y uno a uno me fueron dando un abrazo que no olvidaré jamás... unos me decían que me querían, otros que no me fuera, otros no querían soltarme del cuello, y otros no podían dejar de llorar... qué mal rato pasamos todos. Claro que esto se les olvidó rápido al verme entrar con una caja de la que sobresalían balones y otras cosas.. mucho más grande que la bolsa habitual con la que suelo venir.

         Y cuando se fueron todos, hoy curiosamente sin ánimos de cambiar regalos, nos quedamos allí Toni, Lenin, Daza el policía, un profesor, un trabajador y yo. Entonces Toni dio la orden al trabajador de ir a por dos botellas de licor de Mauxan.

         Nos ponemos a hablar de todas las experiencias vividas con los niños, y todos me cuentan que sus hijos, sus vecinos o los niños que conoce no dejan de hablar de qué mal está que se vaya don Martín. Los pobres creían que iba a estar allí de por vida...

         Luego hablamos de la obra, luego de mi estancia, de España, de mis amigos, de Chacha, de los viajes en coche y las caídas por barrancos, de Huaycos... en fin, de todo. Cuando queremos darnos cuenta, han pasado tres horas y ocho botellas de licor... yo ya estoy que no sé si me llamo Martín o mangurrino... y los demás están igual que yo.

Con las dos primeras botellas
         La costumbre es hablar en corro, con la botella rodando por delante del vaso. Una vez que te sirves el vaso, el pasas la botella al de tu derecha, te bebes el vaso, lo sacudes y se lo pasas... entonces él llena el vaso de nuevo, pasa la botella al de su derecha y habla un rato... se bebe el vaso y así de nuevo hasta que vuelve a dar la vuelta...

         El vaso es pequeño, pero el licor fuerte, así que a las cuatro botellas muchos pedían que acabara la ronda, pero Toni tenía preparadas otras cuatro más... y al final, él mismo tuvo que reconocer que ya no podíamos más... aunque mandó al trabajador a por otras dos... Menos mal que le paramos los pies...

         Y así, medio borracho de licor de fruta, me voy al cuarto a dormir, pensar y despedirme de mi última noche granandina.

         Hoy, para variar, decido no dormir bajo la mosquitera... quiero dormir como en mi casa, aún a riesgo de que un mosquito del tamaño de un mechero me sorba medio litro de sangre... jeje, se va a pegar cada costalazo de la borrachera que va a pillar que bien podrá decir que un humano le ha infectado en lugar de al revés...

         Y así me acuesto... quiero meditar un poco el día, pero el Mauxán no me deja y caigo redondo...

         Eso sí, le doy gracias a Dios por haberme conservado bien hasta hoy... lo cierto es que echando la vista atrás uno piensa que es un milagro después de haber pasado por todas las aventuras que se puede pasar aquí... Y pensando en ello, le digo al Señor: Graci... y ahí me quedo con la boca abierta...

         Bueno, Él sabe lo que quería decir, y yo también sé que no hace falta que acabe la frase para que la entienda...

         Y así acabó el día más triste de mi periplo granadino...

         Mañana será otro día...

DÍA DE CAMA...


          Este día ya amanecí con dolor de cabeza. No tengo ganas de desayunar, así que no lo hago... Tengo que echar un vistazo a la obra para ver qué hace falta o cómo van los trabajadores, pero como siguen con el baptisterio, los contrafuertes y con el comienzo del encofrado de la zona donde irá el retablo, cuando son poco más de las once de la mañana, me voy al cuarto con la intención de ponerme horizontal...

         Ayer ya pasé una mala tarde, pero esta mañana me la voy a tomar libre... total, en todo el tiempo que llevo aquí no he faltado a la obra ningún día, así que hoy me aprovecho.

         Según me meto en la cama caigo redondo. Quiero poner una película en el ordenador para dormirme rápido, y me pongo una de cruzadas, pero antes de ver saltar la primera gota de sangre caigo dormido... cuando despierto son las cinco de la tarde. Me ha venido bien dormir, pero voy a levantarme para ponerles la película de dibujos a los niños... si no me presento van a estar esperando... además, ya quedan pocos días y tengo regalos para hoy y mañana... Los que no dé hoy los tendré que llevar a Chacha.

         Subo con dolor de cabeza, de esos que sobre todo te aprietan más cuando te agachas a por algo... y les pongo a los niños la película entre alborotos que me ponen la cabeza como un bombo... Les advierto que hoy tienen que ser buenos, porque en caso contrario, puede haber niños volando sin motor... Parece que todos tuvieran ganas de volar, así que mi amenaza no sirvió de mucho... eso sí, en cuanto cojo la bolsa de juguetes y les doy con la mano en claro gesto de “adios”, se callan y se quedan quietos... como si le hubiera dado al botón de detener el tiempo...

         Como veo que siguen así un rato, comienzo la película y me siento a dormir, o intentarlo, porque me vienen de todas direcciones los que llegan tarde a pedir su chupetín... Como hoy estoy mal, elijo una película que dure poco... De las que tengo, la que menos dura es una de Tom y Jerry, una hora... así que elijo esa. Cuando acaba, reparto los regalos sin ganas y les digo que mañana será otro día.

         Al final, cuando llego al cuarto, entro, dejo la mochila con el ordenador, me quito los zapatos y me meto en la cama. Son las ocho de la noche y otra vez me acuesto hasta el próximo día, sin cenar nada.

         Así acaba el día... hoy tenía ganas de que acabara pronto.

MI ÚLTIMO VIAJE A GRANADA EN MOTO...


       Esta mañana estoy con la duda de si viajar a Granada o no, pero tampoco tengo muchas alternativas. Hace ya muchos días que dije a los olleranos que ira a verles, y siempre, por unas cosas y otras, he faltado.

         No me encuentro del todo bien, pero tampoco mal del todo, así que decido salir de viaje. Luego me arrepentiría... nadie sabe lo que es conducir una moto por un camino de cabras con dolor de cabeza... yo ya sí.

         Como estaba en dudas sobre si viajar o no, estuve haciendo tiempo más de la cuenta, y cuando quise salir ya era tarde. Intenté avisar a Juan de Dios para decirle que me esperara a comer, pero no tenía cobertura. Saldré, y si está en casa, comeré con él. La primera parte del viaje, hasta Molinopampa, se hace más o menos bien, porque el camino es más o menos bueno... lo malo es que me toca una caravana de camiones que van todos en dirección Molino, con lo que la polvareda que sueltan no me deja ver, aparte de que me están poniendo perdido de tierra. Tengo dos opciones, una es parar hasta que están lejos para que el polvo no me afecte. La otra opción es adelantarlos a todos. Esta última es la mejor, porque en el primer caso terminaría por alcanzarlos de nuevo y otra vez tendría que parar.. Me pongo a adelantarlos sin ver demasiado bien. Las carreteras son de tierra, y los camiones sueltan muchísimo polvo. Tampoco tienen consideración de los que van atrás intentando adelantar y no ayudan en nada... Es más, a alguno le tengo que hacer un gesto que mejor no cuento.

         Cuando termino con el último, o mejor dicho, el primero, me miro y me doy cuenta de que soy un bulto marrón de tierra sobre una moto... En Molinopampa tendré que quitarme todo el polvo de encima porque si paro ahora me vuelven a adelantar los camiones... y para evitar tener que empezar de nuevo a adelantar camiones, aparte de un posible encontronazo con el receptor de mi gesto de protesta, prefiero continuar.

         Aquí llueve siempre, con lo que nunca se levanta polvo, sin embargo, para un día que no llueve y pensando que tendría un viaje placentero, me pasa esto... Murphy sabe que es mi ultimo viaje, de hecho todavía me lo tendría que complicar más pasado Molinopampa.

         En Molino aprovecho para llenar el depósito, porque voy a Olleros antes que a Granada, y no quiero llegar a Granada dejándole a Milton el depósito vacío.

         Juan de Dios no está, así que paro en lo que podríamos llamar bar junto a su casa. No tengo intención de pedir un menú, porque no tengo ganas ni me apetece mucho comer aquí. Pido cuatro bollitos de pan, una botella de agua y una especie de dulce que sabe a nocilla. El tío me coge los bollos con las manos sucias, no como en Granada, que se ponen una bolsa de plástico en la mano para darte el pan. Allí mismo me hago los cuatro mini-bocadillos con una de las dos latas de atún que Juanita me obligó a llevar. Como ya tenía el equipaje hecho, no me las quería llevar porque no tenía donde meterlas, pero me obligó a meterlas en los bolsillos de la cazadora... y mira por donde... Menos mal que Juanita siempre acierta.

         Inicio la subida por el camino de cabras. Mientras subo voy pensando que es la última vez (por ahora) que pasaré por allí con la moto, así que intento disfrutar del paisaje. Pronto me encuentro con Toni, que está bajando a Chacha para devolver el amplificador de los carismáticos, que se lo dejaron en Granada.

         Hablando con él, se me ocurre que el viernes, como viene Monseñor, podemos hacer una chocolatada de despedida en la municipalidad. Invitaremos a todo el pueblo, incluso a los niños del colegio.

         Sigo la subida y empiezo a tener los problemas que no he tenido en todos los viajes... y eso que no llueve. No me explico como, sin llover, el camino está hoy peor que nunca. En uno de los pasos enfangados, la moto se clava en el suelo y no hay manera de sacarla. Me cuesta un montón arrancarla de nuevo, y luego no quiere salir ni para atrás ni para adelante. Verás como me tengo que bajar a Molino andando a pedir ayuda dejando la moto ahí en pié, clavada en medio del camino. Me canso tanto que tengo que sentarme un rato a pensar una estrategia, y cuando lo intento de nuevo, a duras penas sale la moto poco a poco... menos mal.

         Ya empecé a cabrearme con el hecho de que siempre que haces algo por última vez, tiene que salir mal... y todavía quedaba otra.

         Ya casi arriba, me pasó de nuevo lo mismo, pero esta vez peor... Normalmente, cuando te topas con un trozo de camino enfangado, suele ser de 10 metros o poco más e largo, pero esta vez son de más de 50 metros, con lo que la moto, según pasas por el barro, se va hundiendo cada vez más y más... y así hasta que te quedas clavado. Por un lado el abismo, y por el otro una ladera vertical... no hay más remedio que pasar por el barro. Pero también de esta con un poco de paciencia salí y continué el viaje. Qué mala suerte... al menos doy gracias a Dios que no llueve.

         Llegando ya al cruce de Granada, me encuentro con el camión de la municipalidad de Chacha, que tiene mis mismos problemas. Está atascado en el último tramo enfangado, y han pasado por los mismos que yo con el camión cargado de arena... Me cuentan que llevan haciendo el camino 24 horas... han tenido que dormir ahí. ¡Cómo son las cosas aquí...!... Van como diez personas y una mujer con su bebé a la que quisieron hacer el favor de subir en el camión, sin saber la pobre que le esperaba hacer noche en la cabina del camión con diez hombres...

El camión cargado de arena... empujarlo hacia arriba es tarea titánica...
         Les intento ayudar, pero no puedo porque voy cansado de pelear con mi moto y porque tengo la cabeza que me explota... el frío que tengo no es normal, y les digo que lo siento, pero me tengo que ir porque tengo que pasar por Olleros antes. Y al final llego a Olleros, donde veo al teniente de alcalde, siempre contento de verme. Vemos la zanja, le doy el dinero para comprar la madera que hemos encargado para el encofrado de la zanja y me voy de vuelta rápido para Granada. El jueves comienzan los trabajos en Olleros, así que no voy a ver mucho avance. Me lo tendrá que mostrar Juan de Dios por fotos...

         Ya en Granada, los niños me esperan para la película. Llegando a Granada adelanto a un camioncete en el que viajan en el remolque el carpintero, su hijo y el ayudante. Así vienen desde Jumbilla, es decir, tres horas  en pié en el volquete... sentado no se puede ir porque te romperías hasta los huesecillos del oído con tanto bache.

         Terminada la película, regreso a mi cuarto. Hoy no ceno porque tengo ganas de acostarme. Son las ocho de la tarde y me meto en la cama... me duele la cabeza, tengo frío... y por fin, no tengo más remedio que tomarme un paracetamol... eso sí, los antigripales sigo sin usarlos.


       Pero antes de terminar, quiero mostraros las últimas vistas de mi paseo motero:






         Hasta mañana!!

martes, 10 de abril de 2012

HOY LLEGAN JOSELY Y LA GRIPE...


        Hoy tengo que hacer muchas cosas, para empezar tengo que cambiar el dinero último que me llegó, que está en dólares y necesito soles. Después tengo que cambiar los zapatos equivocados de sexo y de número. Tengo que hablar con Diógenes para comentarle el asunto de la beca alemana para un estudiante de Chacha. También hay que enviar las bisagras por combi a Granada, comprar la Biblia para la señora de Granada que la ha encargado y recoger algún regalo de la tienda... Todo esto mientras espero a Josely, que dice que llegará por la tarde, así que tendré que viajar mañana a Granada.

         Prácticamente hago todo lo que me propongo, menos hablar con Diógenes, que está reunido toda la mañana, asi que habrá que hacerle una nueva visita.

         Esta mañana he tenido una nueva sorpresa al enterarme que la niña Llanely no es de Chota, sino de Cheto... la diferencia es abismal, pues mientras Chota está a 10 horas de viaje, Cheto está a menos de dos horas. Con razón decían Monseñor y Antonio que no podía ser, pero ahí estaba escrito... Ya con el nombre de los padres, con la dirección y la localidad correcta, será más fácil localizarla... El Obispo de Chota ya no me podrá ayudar, sin embargo, las casualidades de la vida hacen que Juan de Dios esté esta mañana por aquí. Ha desayunado en el Obispado, y después de contarle el asunto, porque ya lo conocía, resulta que me dice que Cheto es un pueblo que asiste él como párroco... me quedé de piedra. Hace un par de llamadas y localiza rápido a una persona que conoce al padre... nos dice que es el pastor de la Iglesia pentecostal de Cheto... casi nada. Eso es una secta, así que habrá que andar con ojo... sin embargo, eso no quita para ayudar a esta familia, en caso de que acepten la ayuda... No me extrañaría que no la aceptaran después de ver la estampida sin dejar rastro, cuando sabían que estaba pendiente de darles una respuesta para la curación de su hija en España.

         Hoy no puedo hacer más, pero Luisa, la carismática, me ha dado otra idea, que es llamar a Dorila, la presidenta de la asociación de la Iglesia de Burgos, que es asistenta social y también viaja por Cheto. Se le ocurre al pensar que esa niña, seguramente, habrá tenido que ir al centro médico de Cheto alguna vez... y allí podremos localizar a la madre. El problema es que no tenemos el teléfono de Dorila y nadie me lo puede dar...

         La mañana se va en todos estos quehaceres, y después llega la hora de comer. Hoy no estoy yo muy “perrunillero”... no sé qué me pasa, pero me duelen un poco las articulaciones y tengo algo de frío...

Un nuevo plato que cocinó Juanita, y cuyo nombre no recuerdo... parecen pimientos, pero no lo son.
         Terminamos de comer y voy al Café Fusiones, porque me llama Diego Isidoro para decirme que está allí con Josely... tardo cinco minutos en llegar, y por el camino busco el teléfono de la hermana Katy Piedehierro para pedirle el teléfono de Dorila, pero por más que llamo no me da señal. Cuando las cosas se ponen mal, se ponen mal... En esto, que estando en la misma puerta del Café, vuelvo a hacer un último intento, pero nada... y de repente, allí está Katy, tomando un café con Diego y Josely. Le quiero explicar esa típica excusa de “te estaba llamando ahora mismo”... pero siempre suena a mentira, así que decido mostrarle que, efectivamente, no da señal su “celular”. Resulta que tengo mal el número, así que ya podía llamar...

         Para que veas cómo son las cosas, le digo que la estaba llamando para pedirle el teléfono de Dorila, pero entre presentaciones de Josely y Antonio, y saludar a Diego, se me pasa y al final nos fuimos todos y yo me quedé de nuevo sin el teléfono de Dorila. Como sé que el teléfono lo voy a tener cuando Dios quiera que lo tenga, me voy tranquilo pensando que, seguramente, no era el momento de llamarla... Cuando sea el momento propicio, Dios pondrá el número en mis manos... seguro.

         Josely es un tipo jovial, alegre y de los que parece que le gusta llevar las riendas de los asuntos... da la impresión de saber lo que quiere... jeje, aunque a veces se equivoque...

         Me comenta el proyecto que quiere hacer en Cajamarca. Lo cierto es que el proyecto es muy bonito y duradero. Se trata de construir un seminario de unos 2.500 m², para lo cual ya tiene el proyecto, el terreno y casi la licencia de obras. La construcción durará dos años, y necesita alguien que dirija los trabajos... incluso me propone pagarme un sueldo. Qué cosas, me vengo de misionero y me sale un trabajo... Es para pensárselo, porque con la que está cayendo en mi querido país, gracias a un presidente cejudo que tiró por la borda hasta la misma borda, el panorama allí no es muy halagüeño...

         Ya os contaré los pormenores, las decisiones y de qué dependen las decisiones... O no...

         El caso es que viendo los planos, la obra y el proyecto es apetecible, ya que sería una especie de combinación entre mi profesión y mi pasión recién descubierta: la misión.

Antes de proseguir su viaje a Mendoza
         Del café Fusiones me voy al Obispado a dejar el ordenador, aunque ya empiezo a sentirme un poco mal... tengo escalofríos, me duele un poco la cabeza y las articulaciones. También ando con el vientre suelto, pero me resisto a tomar un Fortasec... seguro que mi madre me diría lo tonto que estoy por no tomar medicinas. Sin embargo, no lo tomo y me aguanto así... mis motivos tengo... Igual me pasa con el paracetamol...

         No obstante, después de misa de siete, paso por la farmacia para comprar un antigripal, por si acaso me da fuerte mañana en Granada... Allí no hay farmacias ni nada similar... Prefiero no arriesgar, y aunque seguramente no tome nada, prefiero llevármelo por si acaso.

         En la farmacia voy a comprar un antigripal que me aconseja Luisa, pero me dice la farmacéutica que ya no se fabrica, que hay unas pastillas para eso que se llaman Dayflu. En la vida había oído tal nombre... pero es como nuestro Frenadol.

         En un momento dado me pregunta cuántos comprimidos quiero... y yo le digo que con una caja basta, ¡¡vaya pregunta!!. La respuesta me deja perplejo, ya que la caja tiene 100 comprimidos y cuesta 70 soles. Preguntada por si los venden por unidades, me dice que claro que sí, que de qué otra forma me pensaba que se vendían...

         Resulta que lo que en España llevamos unos pocos meses intentando implantar, aquí se hace desde siempre... uno compra en la farmacia la cantidad de medicamentos que necesita, ni más ni menos. Y si necesitas más, los compras... Mientras tanto, en España, el espíritu derrochador al que nos tenía acostumbrado un tipo con bigotes de pico sobre los ojos, hacía que para tomar una pastilla de paracetamol, tenías que comprar una caja completa... el resto se tiraba o se dejaba perdido mientras caducaba.

         Claro, como los medicamentos con receta los paga el Estado, para qué vamos a preocuparos en guardar los medicamentos... se compra otra caja y punto... para eso los médicos están prestos a recetar a discreción.

         De siempre se ha dicho que la mejor lotería es la economía... y mientras nosotros explotábamos nuestros nuevos derechos “merecidos”, otros procuraban guardar un poco para mañana... Hoy, el resultado es un país en ruina, más en bancarrota que el ayuntamiento de Marbella... y ahora es el momento de arreglar el desaguisado por parte de unos y protestar por la rabia que da tener que dejar de tener algún derecho que, por otra parte, no nos correspondía por ética.

         Hoy he visto una frase de una tal Emile H. Gauvreay, que dice así:

         “Hemos construido un sistema que nos persuade a gastar el dinero que no tenemos en cosas que no necesitamos para crear impresiones que no durarán en personas que no nos importan...”

         Vamos, casi nada... Se podría decir que esta frase resume al dedillo la personalidad de una persona de clase media española... Muchos no tienen para pagar sus deudas, sin embargo el Mercedes Clase C lo tienen metido en el garaje. Hoy son pocos los que pueden vivir sin la Play Station, las clases de Paddle, los clubes de tenis, las salidas domingueras a conocer sitios nuevos, las clases de hípica, los fines de semana de hotel, las copitas y las risitas, el coche de viajar y el de diario, la casita de campo, el viajecito a Matalascañas, las vacaciones en la Costa del Sol, los Levi´s, las Blackberry, los Ipods o las tablets, los e-books, las Ray-ban o la cena fuera de casa ya que hoy es un día especial...

Eso sí... trabajar, lo que se dice trabajar, poco o nada. Los trabajos tienen que ser en puestos limpios, donde no se manejen cargas o se toquen cosas sucias, controlados por los sindicatos, no sea que tengas que hacer fotocopias y no te corresponda tal humillación... Los trabajos tienen que poder hacerse sentados, por supuesto, con una silla ergonómica y conexión a internet... con derecho a salir media hora por las mañanas a desayunar y tres veces a echar el cigarrito. También es necesario el derecho a llevarte para casa folios de tu empresa, fotocopiar los libros cuando el jefe no esté, hacer trabajos por tu cuenta usando las instalaciones de la empresa y gastando los días por “asuntos propios” que legalmente nos corresponden, amén de nuestros propios días tomados bajo la forma de baja laboral fingida con la complicidad inocente de un médico que no es adivino para saber que el “enfermo” está sano... Eso sin contar las llamadas a casa, las descargas de internet, el pequeño cactus sobre la pantalla del ordenador, trabajar junto a una ventana para poder mirar, porque es anticonstitucional trabajar “sin vistas”... ¡¡¡Qué vidorra!!!... Si se estaba mejor trabajando que en casa... y encima te pagan.

Y por supuesto: ¡El campo para los camperos...!

         Así nos ha ido... Creo que nuestros abuelos también tenían todas estas cosas y estos derechos. De hecho, creo que llegaron a viejos gracias a eso.

         No quisiera meter a todos en el mismo saco, desde luego... no sea que me digan (porque siempre salta quien es perfecto en su trabajo y nunca hace cosas indebidas) que generalizo... por ello, diré que sólo el 99% de las personas actuaban así. No todos...

         Bueno, como tengo la gripe no tengo más ganas de seguir escribiendo, pero espero acordarme otro día para terminar de decir unas cuantas cosas más de la calidad de vida española, merecida solo por currantes de verdad que levantan (o lo intentan) el país, y que sin embargo, no saben qué es una pantalla LED. Mientras, otros viven a remolque de esos pobres trabajadores que madrugan, comen fuera de casa y duermen tarde para sacar adelante a sus familias... Otros se levantan a las 11:00, ejercen su derecho a no trabajar y piensan que la palabra “cotizar” significa “hacer cotos”.

         Por cierto, el gato está totalmente domesticado y ya no se quiere separar de mí...




         Hasta mañana!!

lunes, 9 de abril de 2012

FELIZ PASCUA DE RESURRECCIÓN...


       Hoy es el día por excelencia... no existe día mayor para los cristianos, ni la Navidad ni la berbena de agosto en el pueblo...


         Ayer decía el pregón:

“Exulten los coros de los ángeles,
 exulten los ministros de Dios,
 y que suenen las trompetas de victoria
 por el triunfo de Jesús nuestro Señor”

         Y qué verdad es esta, aunque suele doler en algunos sectores poco formados en humanidad básica...

Lo cierto es que Jesucristo resucitó, y desde entonces, pasó a convertirse en nuestro Dios vivo para siempre... ¿Seremos tan necios de pensar que Jesús murió para siempre?... Nosotros no seguimos a un muerto, sino al Dios verdadero, vivo y siempre presente... tanto para los que le aman como para los que le desprecian, justificando sus ataques contra él en el ataque mismo a la Iglesia vaticana y algunos de sus Obispos... Ese patetismo, que da más risa que otra cosa, merece una atención especial hoy en este diario del peregrino.

Hermano ateo, hermano agnóstico, hermano anticlerical, hermano huraño... DIOS TE AMA A TI TAMBIÉN... ¿Qué le vamos a hacer?... es lo que tiene el Amor sin medida... ¡¡¡Qué suerte tienes, ladrónzueloooo!!!...

Por supuesto, digo esto desde el respeto, sin entrar en que el ateismo (no el agnosticismo) es un acto irracional de ignorancia plena y absoluta... Pensar que el Cosmos ha conspirado de forma mágica, gracias a los chakras, las fuerzas naturales o la causalidad es el acto más ilógico que puede salir de una mollera con pelos...

En fin, dicho esto, prosigo con mi día de resurrección...

Llegado un momento dado, después de desayunar, salgo a otear por el ciberespacio, y resuelvo al fin la gratitud de una generosa aportación europea, que como está en alemán, he tenido que recurrir a un amigo para que me la dicte... Misión cumplida... es de bien nacidos ser agradecidos...

La comida ha sido así asá... cuando falta Juanita todo es un desorden... primero el segundo y por último la sopa... Pero está bueno.

La tarde se la tengo prometida a un felino muy escurridizo que quiere salirse con la suya, pero va a ser que no... al final, gracias a una estrategia pícara, y con la ayuda de un trozo de lomo, me hago el longui y dejo el lomo en el suelo de mi cuarto... Me hago el tonto durante más de una hora para que al gato le pique la curiosidad... Todos sabemos que la curiosidad mató al gato, así que era cuestión de tiempo. Y como no podía ser de otra forma, el gato poquito a poquito se fue acercando al lomo y entrando en el cuarto, y cuando estaba dentro... ¡¡ZAS!!, le cerré la puerta. Ya eres mío...

Le tengo que poner un collarcito con una cuerda, como si fuera un perro, y al principio se revolcaba y maullaba muchísimo, pero cuando paso un rato, se acostumbró. Ya no se esconderá más en el hueco del forjado, y así podrá comer como los gatos de su edad... Para entablar amistad, le doy un trozo de queso y otro de trucha, y parece que va apaciguándose.

Le tengo que atar junto a mi cuarto y poco a poco va haciéndose amigo de nuevo... y hasta se termina por subir otra vez a mi pierna y juega. A ver cuánto dura...

Por la noche le traigo un trozo de pollo frito de la cena, ya que sobró, y se lo ha comido en tres segundos.

Después de misa de Resurrección, me encontré con Luisa y su hija, y estuvimos un rato charlando sobre la experiencia en Granada. Ha sido muy positiva, y espero que repitan pronto, por el bien del pueblo. Me ha llegado a decir que algunas personas incluso han encargado biblias para que se las lleve yo mañana lunes... con letra grande, claro...

Y con esto acaba el día más importante del año, el día en el que la Luz del mundo salió de la tiniebla para alumbrar alto y fuerte..., como no podía ser de otra forma.

¡¡FELIZ PASCUA DE RESURRECCIÓN!!

SÁBADO SANTO Y LONCHECITO FRANCISCANO...


      Esta mañana la he dedicado a dos cosas. La primera ha sido intentar localizar a Llanely y su familia para ver de qué manera se pueden desarrollar los acontecimientos. Si localizo a la madre, quizás me firme una autorización para enviar la historia clínica de Llanely a España y ver qué se puede hacer.

         La segunda cosa es visitar el hospital para ver qué nuevos pequeños hay ingresados. Hoy sólo hay una niña, no recuerdo el nombre, y tiene 8 años. Con esta información ya volveré por la tarde para traerle un regalito y hacerle una visita.

         Lo primero era localizar a Llanely, así que llamé a mi amigo Aníbal, el taxista que me llevó en tiempos a Granada. Le he preguntado si sabe donde cae la calle Miraflores, que es donde se supone que vive ella con su familia. Me dice que sí, así que viene a por mí y me lleva. Está bien apartado, en un barrio marginal. Pero por más que busco el número 340, no doy con él. El desorden de los números es brutal... parece que los números de las casas los hubieran tirado al aire y hubieran caído aleatoriamente.

         Nadie conoce a esta familia, ni a la niña, lo que me hace sospechar que no vivan por aquí, ya que en estos barrios se conocen todos, y además, una niña con esta enfermedad no pasa muy desapercibida.

         Me monto de nuevo en el taxi de Aníbal, que me estaba esperando, y le digo que me lleve al hospital. Allí me tendrán que decir algo más... y después de localizar a Janet, la chica de relaciones públicas, indagamos y averguamos los nombres y apellidos tanto del padre como de la madre, y para mi sorpresa, la calle Miraflores no es de Chacha, sino de Cheto, un pueblo a tres o cuatro horas de aquí. Curiosamente, el otro día conocí al Obispo de Cheto, que estaba de visita por Chacha. Qué pena, porque le pedí el teléfono, pero luego nos despedimos sin acordarnos de dárnoslo. Preguntado Monseñor Emiliano por su teléfono, me dice que lo tiene, así que luego se lo pediré y hablaré con el Obispo de Cheto para ver de qué manera puede localizar a esta familia allí. Creo que, si todo sale bien, la encontraré...

         Aprovecho para ir de compras, un cuaderno, bolígrafo, goma de borrar, lapiz y sacapuntas, regla, estuche, una pulserita y un gancho para el pelo... vamos, que el regalo es bien completo. Pero esta mañana no me da tiempo a dárselo, así que después de comer se lo daré.

         Terminada la comida, aprovecho para recoger la moto del taller, donde la dejé para que reparase los intermitentes de atrás de la moto de Milton, que los tiene rotos. Recojo la moto y me voy directo al hospital a ver a la niña sin nombre (que no me acuerdo). Es muy simpática, la han operado de un problema renal y tiene para varios días. La entrega de regalos, como siempre, es un motivo de alegría para ellos (y para mí), así que la niña me da las gracias y me despido. La próxima semana será la última que pueda visitar a niños aquí, aunque de todos modos, espero que sea la última visita.

No se podía incorporar por la operación
         Tengo que darme prisa, porque las hermanas franciscanas me invitaron a lo que ellas llaman un “lonchecito”, que es lo que viene a ser nuestra merienda... eso me decían ellas, aunque luego comprobé que más que merienda se podría llamar merendón.

La mesa preparada
         Según llego, me abren y cuando entro en el comedor, me encuentro con una grata y bonita sorpresa. Tiene una nota preciosa de una cita de Francisco que dice “Que los labios concuerden con el corazón y que el corazón esté en Dios”. También me ponen otra tarjetita del FIC, que me dicen que son sus siglas, y que quiere decir Franciscanas del Inmaculado Corazón.

         Por supuesto, el gran detallazo por parte de Márllury ha sido el regalo de un bolígrafo forrado de hilo, precioso, con un cristo de San Damián enano en la punta, y con la inscripción: MARTÍN B.

         Me va a dar pena gastarlo, pero tendré que darle uso... En fin, que como nota graciosa, la hermana mayor me dice:

         Todo es para ti... jeje.

         ¿Todo?, le respondo...

         Bueno, todo menos la mariposita...

Los regalitos y la mariposita....
         Nos echamos a reir todos. La mariposita es una pinza donde está sujeta la tarjetita con la oración. Es como si te dan un vaso de agua y te dicen que te lo dan, pero que el vaso lo devuelvas...

         En fin, que empezamos el lonchecito, como ellas lo llaman, aunque cuando os cuente el menú del lonche os vais a enterar...

         De primero un plato de Anticuchos, que son unas brochetas con carne de corazón de vaca, tres trocitos de papa con salsa picante y un choclo (mazorca de maíz).

Anticuchos con papa y choclo...
Referente a los anticuchos, me dijo la hermanita:

Te las hemos hecho de corazón...

Muchas gracias, hermanita, ¡qué detalle!...

No, no, me refiero a que es corazón de res (vaca)

¡¡Aaaaahh!!... bueno, gracias de todos modos... jeje.

       Después de este entrante, vinieron dos aritos rebozados dulces que se llanan Picarones. Son como si fueran nuestros calamares rebozados. Se les echa una especie de miel por encima, y están buenísimos...


         Le pregunto a la hermanita que si la miel también es de res, y se ríe... estábamos hablando de que de la res se aprovecha todo... y yo les dije el dicho español que dice: “del cerdo hasta los andares...”. Se reían, sobre todo cuando les explicaba cómo andan los cerdos...

         Después de esto, vino el arroz con leche, mitad arroz con leche y mitad de una especie de gelatina de una fruta que no recuerdo... es violeta. La presentación es bonita, el sabor más aún.

         Terminado el postre, viene el café con leche y el keke, un bizcocho que ha hecho la hermana Marisa. Los anticuchos los ha hecho Márllury, el bizcocho Marisa, la madre Clarisa ha hecho las papas y el choclo creo que se hizo solo. Todas han colaborado en la tarea de alimentar al peregrino...

         El keke lo tengo que dejar, porque cuando me dijeron que el lonche es como la merienda española, yo pensé que era un café con leche y un pastelito o algo así... resulta que a las 16:30 horas ya he cenado, apenas dos horas después de comer...

         Por supuesto, todo el lonche ha sido regado con la bebida por excelencia peruana: ¡Incacola!.

         Cuando se acaba el lonche, les pongo algún vídeo de los montajes que tengo hechos del Centro Juvenil Francisco y Clara, para que nos conozcan un poco. Y al ratito, me voy, ya que la hermana Márllury tiene que ensayar el Pregón Pascual...

         Le digo que el Pregón en Almendralejo lo suele dar algún personaje importante, a lo que hace ademán de decir... ¿y tú que te crees... que yo no soy importante aquí?...

         Me vuelvo al Obispado a dejar los trastos y después voy para la Vigilia Pascual a la Catedral. Pensaba que el Pregón iba a ser hablado, como es lo normal... pero sin embargo, es cantado. Justo antes de que empiece me pongo a grabarlo para tener el recuerdo, y cual es mi sorpresa cuando Márllury se arranca a cantar... ¡y cómo canta!... Creo que es el mejor pregón que he escuchado en mi vida... ni siquiera cuando en mi pueblo decían lo de “por orden del señor alcalde se hace saber....”.

         Cuando me doy cuenta de que es cantado, pongo más interés en que la grabación salga bien, aunque es tan de lejos que el sonido no es muy bueno, y la imagen menos... pero se entiende perfectamente.

         Terminado el Pregón, lo más lógico es que todos hubieran irrumpido en un aplauso unánime... casi me arranco yo, pero el respetable no hizo gesto alguno y Márllury se retiró en silencio. Qué injusto fue, aunque quizás el momento no era el indicado, ya que no era un concierto... en fin, que no habría estado de más... Yo te felicito desde aquí, Marllury...

         La vigilia es muy bonita, aunque no tenía sitio para sentarme, ya que me puse a grabar y perdí mi sitio... las cosas que pasan.

         Las lecturas, los cantos y la Vigilia en sí fueron preciosos... Todo chachapoyas estaba ahí metido... y terminada, nos vamos para casa, que son ya las 23:00 y normalmente a estas horas el Obispado está sumido en el letargo desde hace al menos hora y media...

         Me voy a la cama, no sin antes intentar cazar al gato, que de nuevo se ha escapado y no sale ni “pa´tras” de su escondite... No lo logro, así que lo dejaré para mañana... mientras tanto, pensaré un plan de ataque al felino...

         Y aquí se acaba el largo día... así que hasta mañana!!      

ULTIMO VIAJE A CHACHA EN MOTO...


         La mañana es un poco gris, y hoy no voy a desayunar a casa de doña Rosita, ya que ayer me invitó Taño, el catequista, a desayunar con los carismáticos en su casa.

         El desayuno es bueno, arroz con una tortilla estilo francesa (pero sin serlo) y media trucha. Yo que no estoy acostumbrado a este estilo de desayuno sigo sufriendo sólo de pensar en meterme entre pecho y espalda algo distinto de un café con leche... pero se hace el esfuerzo. Más deberán sufrir ellos cuando vayan a España y sus platazos mañaneros se los cambiemos por un minúsculo café con una galleta... je, je.. sólo de pensar en sus caras me entra la risa.

Todos se clavan el desayuno sin inmutarse... yo a duras penas...
         Como habíamos quedado ayer, el Vía Crucis empieza a las 9:00, así que terminamos rapidito para encontrarnos con la gente... yo ya presagiaba lo que ocurriría. Ni una sola persona se presenta.... ni a la hora, ni siquiera una hora después... triste, pero cierto.

         Acaban de probar en sus carnes la amabilidad y la compostura granadina, además de su puntualidad y ... Son un primor... Es curioso que las combis no las pierden, y eso que están a una hora concreta y pasan rápido, y sin embargo, a las citas llegan temprano si se retrasan dos horas...

  Como yo había salido a repartir los zapatos con Lenin a las familias más desfavorecidas, el sector joven de los carismáticos visitantes se viene con nosotros. Empezamos por las casas cercanas a la plaza y vamos dando el particular Vía Crucis por el pueblo. No ha venido gente, sin embargo, el Vía Crucis se está haciendo. Casa por casa, zapato por zapato, al final se termina uniendo a nosotros el sector más veterano, cansado de esperar. No me extrañaría que cuando se hubieran sumado a nosotros se haya empezado a presentar la gente.
  
     El reparto de zapatos es toda una anécdota. Los niños son cada cual más salado que el anterior, y les encantan los zapatos. Curiosamente, Harold, el niño que me inspiró al tema de los zapatos, va a ser el último en recibirlos, ya que me equivoqué con su talla. Además, ha tenido que ver cómo a su hermanito mayor le quedan bien los zapatos y se los lleva puestos...    Aquí dejo algunas fotos...



        





















      Terminada la labor zapatera, que por suerte no tiene que ver con política, me voy a por la moto de Milton. Le aprieto la cadena porque anda floja, y ato atrás los zapatos que hay que cambiar de talla o de sexo, ya que algunos niños no están dispuestos a ponerse calzado del sexo contrario... ya ves, que van a pasear por Cibeles... Pero bueno, es entendible...

         El viaje a Chacha será el último de ida. Solo quedará la vuelta en moto a Granada y se acabó el periplo motorista por tierras peruanas.

         Me dijo el Obispo que irían la semana próxima a Granada a conocer el estado actual de las obras, y Castelly por fin las verá, ya que tantas ganas tiene. También irá Antonio, así que estaremos unos pocos allí... Aprovecharé para venirme con ellos si es que hay plazas suficientes en el Toyota.

         Bajando por la escarpada cuesta, por fin me decido a parar y perder cinco minutos para ver el tremendo boquete que hay en el suelo, y del que me advirtió Horacio que no me acercara, ya que al parecer, han caído algunos y no se ha vuelto a saber de ellos. Es un agujero como del tamaño de un coche, totalmente vertical hacia abajo y que se pierde en una especie de abismo negro... Solo de pensar en caer ahí, le pone a uno los pelos de punta.

Solo asomarse da miedo... y dicen que esta cueva está inexplorada... ¿Otro Aracena? ¿otra cueva de las Aguilas?
         El caso es que se aprecian restos de desperdicios por todas las paredes del hueco, así que creo que más de uno aprovecha el hueco como basurero.

         Como será la penúltima vez que pase por ahí, decidí parar y verlo, ya que llevo dos meses pensando que pararía la siguiente vez, y sabía que, de no parar hoy, seguramente me iría sin ver el agujero.

         Sigo el viaje, y se pone a llover, así que me tengo que poner el poncho, pero no dura mucho... parece que la temporada de lluvias está acabando, justo cuando me voy a ir. Así son las cosas...

         Cuando llego a Molinopampa no puedo parar por casa de Juan de Dios porque vengo retrasado con el reparto de zapatos, así que paso de largo y voy directo a Chacha. Por Pipus me pasa igual, así que no ando ni mirando hacia la municipalidad ni hacia la policía, porque son casi las dos de la tarde.

         Cuando llego a Chacha, me dirijo a la cocina. Hay sopa en el frigorífico y un muslo de pollo, así que los caliento y me los cepillo rápido. Son cerca de las tres de la tarde. Normalmente en España como a esa hora, pero cuando llevas más de dos meses comiendo a la una, el cuerpo se acostumbra.

          Después de comer, me doy la ducha rapidita. Ya he aprendido la lección de no relajarme mucho bajo la alcachofa... y después, me echo mi particular siesta cibernética en el Café Fusiones, poniéndome al día con el correo.

         Llegada la hora de misa, hoy se sustituye por la adoración de la cruz. Para quien no lo sepa, hoy es el único día del año en el que no hay misa... ¿sabes por qué?... si no lo sabes no te hará mal investigarlo, ya verás como tiene sentido...




         Después de la adoración, viene la procesión... Yo no soy muy dado a salir de procesión, pero sólo el comienzo ya es impactante. Nunca había visto un Cristo con los brazos articulados, de modo que puede estar crucificado y descolgarse para estar tumbado en el sepulcro, con los brazos bajados... Además, el acto del descendimiento es todo un espectáculo solemne. Se suben como lo habrían hecho en la época de Jesús, con una escalera por detrás, echando un paño por debajo de los brazos de Cristo. Le desclavan y le van bajando poco a poco con ayuda del paño, para colocarlo luego en el sepulcro que sale de procesión.



         Yo ahí me quedo... una vez que salen de la Iglesia, y la Virgen dolorosa detrás, me despido... El gentío es impresionante...

         Cuando se acaba la procesión, cenamos todos juntos y comentamos la jugada de cada parroquia. Ha sido un día emotivo en todas...

         Y con esto, ya conozco el Viernes Santo chachapoyano. Me gustó el detalle del descendimiento, cosa que nunca antes había visto... así que aproveché para echar fotos y grabar un vídeo.

         Cuando acabamos, vemos un rato la tele y cada cual a su cuarto.. El gato sigue maullando, pero no sale de su escondite. Sabe cuando salir, y hasta que no estamos todos acostados no va a comer... menos mal que le dejamos la comida, que si no, se iba a llevar un chasco bueno....

         Hasta mañana!!