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Asómate a la ventana y mira, escucha, habla...y comparte conmigo tus impresiones.

"Hermanos, comencemos, ya que hasta ahora poco o nada hemos hecho..."

Un gran Santo, el más pobre en lo material, pero el más rico en lo espiritual dijo en su lecho de muerte: "Hermanos, comencemos, ya que hasta ahora poco o nada hemos hecho...". Ese gran Santo era Francisco, y si él dijo no haber hecho nada, ¿que hemos hecho nosotros? Empecemos a hacer algo para cambiar el mundo, ¿no os parece?

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viernes, 19 de julio de 2019

Kenia 2019. Capitulo 6. Decisiones finales


Siendo esta la segunda semana de mi estancia aquí, lo ideal habría sido estar ya trabajando en la construcción del invernadero. Sin embargo, aquí seguimos, esperando a que los bancos de España y de Kenia se pongan de acuerdo para que nosotros podamos comprar el material y comenzar el trabajo. Suele ocurrir que, para que los de abajo podamos mover un dedo, los de arriba tienen que llevarse una buena tajada. La transferencia es de 620.000 Ksh, lo que vienen a ser unos 5.500,00 €, pero nuestro banco se queda con casi veinticuatro euros por la transferencia, mientras que el de Kenia, ni corto ni perezoso, araña ochenta euros más. Vamos, que más de cien euros de este montante solidario van para pagar las cuotas del sistema bancario que, bien es cierto, y también hay que decirlo, posibilita que podamos trabajar aquí sin tener que venir con diez mil euros en el bolsillo.

Poca grasa tiene esto...
El lunes fui al mercado y compré algo para comer, sobre todo verdura, puesto que no soy capaz de encontrar ninguna carnicería ni ningún otro sitio en el que vendan algo que no sean patatas, tomates, naranjas o aguacates. Después de la compra, fui a St. Mary´s para saludar a los niños, que estaban esperándome. Les llevé chupa-chups, como de costumbre, y ellos más contentos no podían estar. Me llama mucho la atención una niña que, no sé por qué, se alegra más que los demás de verme por ahí, tanto que casi se tira de la silla de ruedas cada vez que me ve. Siempre me llama y solo quiere abrazarme, reír y tocarme. Ya el año pasado percibí que esta misma niña actuaba igual, pero quizás este año me he fijado más. Os muestro una foto de ella. 


De entre todos, ella es la que más se alegra siempre de verme
 Y luego están los demás:


 Terminada la visita, salimos Robert y yo a Matoo para comprar algo de comer. De camino vamos a visitar a Francisca, la sobrina de Robert, la cual estudia en un colegio privado que los franciscanos han abierto entre Mbiuni y Matoo. Cuando llegamos al colegio, tenemos que hablar antes con el director porque llevan muy a rajatabla el tema de las visitas, las cuales tienen que ser concertadas de antemano.

Resulta que la escolarización en Kenia es gratuita para los estudios de primaria, pero la secundaria ya no lo es, motivo por el cual la mayoría de la gente, pobres como son, solo tiene estudios primarios. Hablando con el director del colegio, resulta que, al cambio, la escolarización de un año completo, incluyendo enseñanza, materiales, manutención y alojamiento, viene a rondar los 500,00 €. Sí, has leído bien, quinientos euros, que es lo que muchos de nosotros nos gastamos un fin de semana que salimos en familia a algún lugar de recreo. Y aquí, un niño puede cursar los estudios de secundaria con esa cantidad por espacio de un año completo. No deja de sorprenderme lo injusta que es la vida: mientras unos no sabemos ni donde gastar el dinero, a otros no le alcanza ni para que sus hijos estudien. Pero ha querido Dios, con su providencia siempre en guardia, llevarme a este sitio que, por otra parte, es franciscano, como no podía ser de otra manera. Y nada más saber la situación del país y lo que cuesta que un niño pueda estudiar un año, se me ha encendido una luz para ver de qué manera, en el futuro, podemos llevar a cabo un proyecto de actuación para que muchos españoles apadrinen los estudios de secundaria de muchos niños de Kenia para que, al menos, tengan la oportunidad de alcanzar un futuro mejor. Es triste que el propio gobierno de Kenia no se dé cuenta de que son millones los niños que, por no poder estudiar, andan por ahí buscándose la vida, malviviendo, delinquiendo y dejando embarazadas a muchas chicas a edades de catorce años. Que los niños estén escolarizados no solo es beneficioso para ellos, sino también para el futuro de un país que no acaba de darse cuenta de que la educación y las oportunidades de futuro son básicas para el desarrollo del país. Me apena observar con mis ojos a muchos niños y jóvenes que andan por ahí sin rumbo y sin nada que hacer y que, de haber tenido la oportunidad, quizás podrían ser los descubridores de la vacuna contra el cáncer, por ejemplo. ¡Cuántos talentos desperdiciados hay en países como este, sencillamente, por no tener la oportunidad!

Todo un avance: envasado
Hacemos la compra, nos llevamos con nosotros a Francisca y comemos en el mismo centro comercial, si es que se le puede llamar así. Pollo frito con patatas, pues es lo único que conozco en la carta y lo que más confianza me inspira. De regreso a casa, las cosas en St. Mary´s siguen igual, esperando a que los bancos terminen de coordinarse y el de la ONG le dé el dinero al del Centro de Rehabilitación. Entre tanto, me voy a la cama pensando en todos esos chicos y chicas que andan por ahí sin saber qué hacer, mientras que hay muchas personas en España que tampoco saben muy bien qué hacer con su dinero. Ruego al Señor para que esos dos polos tan opuestos puedan un día, al contrario que los bancos, coordinarse para que podamos entre todos brindar a estos chicos un futuro mejor. Y pensando en futuros apadrinamientos para los estudios de secundaria, me quedo dormido. Ha sido un día largo…

Kenia 2019. Capítulo 5. Recuperación y vuelta al trabajo


El sábado no me levanté al cien por cien, pero sí que estaba bastante mejor. Desayuné y salí al fresco del campo a ver qué tal me sentía. Y aunque estaba más o menos en forma para poder salir, aproveché que el Centro de Rehabilitación Santa María estaba de excursión a un pueblo cercano donde hay atracciones de feria para quedarme en casa y descansar. Así me recuperaría más rápido. Pasé el día entero leyendo, haciendo del día oración, durmiendo mucho y comiendo poco. Y gracias a eso, me acosté como una rosa. Doy por finiquitada la infección gastrointestinal.

De camino a misa
El domingo anterior no pude ir a misa de 7:00 porque estábamos muy cansados después de largo viaje desde España, pero este domingo no pienso perdérmela. Me levanto una hora antes, a las 6:00, me aseo, desayuno y me pongo a caminar la más de media hora que me separa de la parroquia. Cuando llego a misa, está empezada, así que entro y me siento. En ese momento, el cura no puede más que interrumpir un momento la celebración al darse cuenta de que los niños y jóvenes allí reunidos estaban murmurando algo. Y es que más de mil niños murmurando pueden hacer de un murmullo algo atronador. Todos estaban comentando, cómo no, la entrada del blanco, del «brother Martin» en la Iglesia, apuntándome con la mano y saludándome, sin parecer importarles que estuviesen en plena misa. El cura no pudo más que sonreír mientras yo trataba de pedirle perdón con la mirada por llegar tarde y entretener al personal.

Tras la celebración, una monja mejicana sube al estrado y comenta a las chicas allí reunidas que su congregación (las siervas de los pobres) está buscando aspirantes para sus conventos en Méjico. En ese momento pienso en lo valiente y decidida que tiene que estar una monja para venir a un sitio así a buscar vocaciones, pero luego pienso que la fuerza del Espíritu Santo la sostiene y entiendo perfectamente que sin esa fuerza y aliento, ni ella ni yo estaríamos aquí. No venimos aquí a ver atractivos turísticos, pues el mayor atractivo que puedes encontrar en estas tierras es una cabra tratando de trepar a un árbol para alimentarse de sus hojas. Y, sin embargo, aquí estamos, rodeados de los mayores y mejores atractivos que una persona que se siente enviada por Cristo a la misión puede encontrar: los pobres, especialmente los niños.
Lo de la cabra no es broma

Hay muchas formas de hacer turismo, pero todas tienen en común una cosa: saciar el apetito, la curiosidad y la ilusión de visitar más y mejores sitios cada vez, disfrutando, además, de los más apetitosos platos y los más confortables alojamientos. Y esto, tanto si se viaja en primera clase como con una mochila a la espalda. Sin embargo, existe un turismo que casi nadie practica, pero que es altamente recomendable. Te lo recomiendo si de verdad tienes un espíritu aventurero, especialmente si eres de esos a quienes no les asusta echarse la mochila a la espalda, comer cualquier cosa y dormir donde se pueda. Me refiero al turismo misionero, una clase de turismo que no te llena los ojos de maravillas de la naturaleza (aunque a veces sí) o arquitectónicas, los oídos con la música de los festivales más famosos, el olfato con los olores más agradables o el gusto con los aromas y sabores más peculiares, sino que supera con creces todo lo que puedas percibir con los sentidos. Me refiero a la sonrisa de un niño sin piernas, la cara de alegría infinita al verte de una niña con esclerosis múltiple y en silla de ruedas o el abrazo de un joven con parálisis en medio cuerpo y totalmente dependiente. Eso, por mucho que busques en Roma, París, Nueva York o Egipto, no es comparable con nada. Y es que no todo tiene precio en la vida… y, además, las mejores cosas suelen ser gratis, como lo es el amor infinito de Dios. Pero nosotros seguimos buscándolas en la materia y en la sensación. 





Y después de misa, sigo repartiendo bisutería a las chicas. Vienen a misa vestidas con el uniforme del colegio, siendo su prenda más preciada. Por eso, cuando se ven con las baratijas puestas, se ponen supercontentas. Las mujeres son coquetas en todas partes del mundo por igual...  

Luciendo pendientes nuevos

Pulseras

... y collares

Todo esto lo piensa uno cuando tiene un largo día por delante y un escenario de pobreza. Quizás venga bien venir aquí de vez en cuando para relativizar más los problemas que nos acucian allá, en las altas sociedades desarrolladas de las que estamos tan orgullosos y en las que hay problemas tan importantes y primarios como llevar al perro al peluquero o no perderse el último episodio de Juego de Tronos. Siempre he pensado, y lo sigo pensando, que todo europeo debería venir a un país como este al menos un mes en su vida. ¡Cómo nos cambiaría el semblante al volver a nuestras casas y darnos cuenta de que se puede vivir sin internet y sin Sálvame Deluxe!

Mientras tanto, aquí los problemas son otros, como, por ejemplo, el hecho de que haya aun muchos niños que tengan que ir descalzos o semidescalzos al colegio. Cuando vi a Obama, mi pequeño vecino, con unas zapatillas que en España mi madre ya me habría hecho tirar hace meses, pensé en aquellos tiempos de los inicios, cuando en Santa Clara de Almendralejo se inció, gracias a Sonia, una amiga de allí, la que vendría a ser después la popular Merienda Solidaria, que va ya por siete u ocho ediciones, si no me equivoco. Aquella vez primero surgió tras la publicación en mis redes sociales de unos piececitos descalzos. Todos nos movilizamos para calzar a aquellos niños de Olleros y Granada, tiempo hace ya… Yo sé que no puedo cambiar la vida del mundo entero, algo que siempre piensa uno la primera vez que va a desarrollar un proyecto de cooperación internacional. Pero sí que puedo cambiar la vida de una persona, aunque sea por un espacio de tiempo muy corto, y he aprendido ya que eso es lo que importa. Por tanto, como tenemos que vivir el tiempo presente, porque es el que nos toca vivir (el pasado ya pasó y el futuro no llegó), creo que Obama y otros niños como él no van a andar descalzos, aunque solo sea por espacio de un año o menos, que será lo que le duren las zapatillas. Y con estos recuerdos del pasado, que vuelven (por desgracia) a ser actuales, termina este capítulo. 

Los pies de Obama

Y Obama con sus zapatillas nuevas
 Obama tiene 11 años. Su padre le puso el nombre, nada más y nada menos, que del presidente de los Estados Unidos de América. Quizás pensó que, como la falta de oportunidades harán que su hijo no prospere en la vida, al menos sí tendrá un nombre de talla. Es como un mecanismo de defensa de un padre que, seguramente, es lo único que puede dejar en herencia a su hijo: un nombre glorioso.  

Los pies de Ewing

Y Ewing con sus zapatillas nuevas
Porque todo niño tiene derecho al calzado
Esta próxima semana será la semana definitiva. Todo debemos concretarlo durante estos días que vienen. Lo más importante ahora es salvar la barrera burocrática del pago a la empresa por los materiales y que lo envíen lo antes posible. Y también tenemos que tener claro cómo, cuanto y cuándo compro las máquinas para el centro de fisioterapia. Pero eso ya os lo iré contando…

jueves, 18 de julio de 2019

Kenia 2019. Capítulo 4. Llegó la que tenía que llegar

(La conexión hoy es tan lenta que no puedo subir ni una triste foto)

Robert y yo fuimos a Tika a comprar. Allí hay un supermercado con productos de todo tipo, casi al estilo de los nuestros. Y, si bien los productos son muy distintos, es posible encontrar lo que uno busca: latas de atún, pasta, tomate frito (más bien pasta de tomate), galletas, café, cacao, etc. Es caro y diferente, pero al menos puedo encontrar cosas más acordes a nuestra cultura europea.

Mercadeando
Después de hacer la compra, nos dirigimos a un «restaurante» típico, de esos que te sirven la comida en cuencos y es cocinada en hornos de fuego. No sabía por entonces que eso me costaría caro, aunque sí que ese precio, tarde o temprano, lo terminaría pagando. Me refiero a la higiene, tanto de la comida como de su procesado (más de su procesado). Y si a esto unimos un agua de dudosa procedencia, tenemos el cóctel suficiente para hacer que un pobre estómago europeo, acostumbrado a aguas purificadas y alimentos manipulados en unas condiciones de higiene mínimas, se vea afectado. Y así fue. 

De ahí nos dirigimos a Mbiuni de nuevo para dejar la compra. Tan lejos está (aunque son 30 kilómetros, no creas que se tardan 20-30 minutos, como tardamos por nuestras autovías) y tanto tardamos en comprar, comer algo y regresar, que el día entero se nos va en las compras. Ya en casa, dejamos todo en la despensa. La compra ha sido hecha con cabeza, teniendo en cuenta que no tenemos frigorífico. Un pollo y algo de carne serán para los primeros días, el resto para después.

Probando la mercancía
Aquí encuentras casi de todo

Llega la hora de irse a la cama, de leer y escribir un rato, pero no me encuentro muy bien. Tengo un malestar generalizado, con dolor de cabeza, así que me tomo un paracetamol y a la cama. A la mañana siguiente, la hermana Veneth Maria me llama para que me acerque a la parroquia. Allí está el padre Binju, la persona responsable del proyecto aquí y con quien he coordinado todo desde España, tanto este año como el pasado, para llevar a buen término la construcción de los invernaderos. Él fue la primera persona que conocí, pero nunca cara a cara, ya que no hemos coincidido en el lugar. Cuando yo estaba en Mbiuni, él estaba de viaje por razones de su congregación, y cuando yo me iba a España, él regresaba a Mbiuni. Este año solo va a estar un día aquí, y precisamente tiene que ser el día en que me pongo malo. La hermana me dijo que estaría en la parroquia solo durante una hora, ya que tenía que salir de viaje, y le gustaría conocerme. Le digo que me visto y salgo para allá, pero cuando me pongo los pantalones, me entran un revoltijo que casi mejor no os lo explico… Una vez desayunado y aseado, me pongo en camino, pero no recorrí ni cien metros antes de decidir dar la vuelta y meterme de nuevo en la cama. El padre Binju tendrá que esperar a otra ocasión. 

Y así me pasé el viernes 12 entero, en la cama. Solo me levanté a eso de las 14:00 horas para comer algo y volver a acostarme, momento en el que vino a verme una monja que está viviendo en España y se encuentra aquí por estos días de verano. Quería saludarme y hablar un rato en español, así que se puso a mi lado mientras cocinaba y mientras comía, y todo esto al tiempo que tenía un dolor de cabeza tal que, en un par de ocasiones, estuve tentado de… en fin, que aguanté el tirón antes de tomar otro paracetamol y regresar a la cama hasta la noche. Y como es viernes, la algunos de la comunidad se reúnen junto a mi casa para beber, poner la música alta y bailar hasta altas horas. Vamos, lo mejor para cuando uno está mareado y con color de cabeza. Algunas mujeres quieren que me levante y baile con ellas, pero cuanto más les trataba de explicar que no me encontraba bien, más insistían en que saliese a bailar y a beber. This is Africa… 

viernes, 12 de julio de 2019

Kenia 2019. Capítulo 3. Comienzan las negociaciones

Con los niños de St. Mary´s Rehabilitatioin Centre (Mbiuni)
Comenzamos la semana preparando lo que serán las líneas de actuación principales. Son dos: en primer lugar, pedir los presupuestos de los invernaderos y negociar con las distintas empresas que se encargan de la venta del material. De eso se encargarán la hermana Veneth Maria, por un lado, y Pius, un amigo del lugar, por otro. Cada uno se encargará de pedir el presupuesto a una empresa. En segundo lugar, comienzan las reuniones con los responsables del centro, especialmente con el fisioterapeuta, para que nos hagan saber las necesidades materiales que tienen para su centro de rehabilitación. Entre el lunes y el martes queda todo casi zanjado. El miércoles 10 de julio debemos decidir qué empresa suministrará los materiales para el invernadero. La diferencia es de unos 40.000 Ksh (chelín keniano), es decir, más de 300 € en cada invernadero, lo que da un montante de 600 € de ahorro entre los dos. Sin embargo, tras el examen de los presupuestos, la cosa no está tan clara. Al parecer, el presupuesto barato no es tan barato, puesto que no incluye los impuestos (lo que vendría a ser nuestro I.V.A., y que aquí ascienden al 16%) ni tampoco el material «de agarre» (cemento, arena y piedras). Echados los cálculos, decidimos que el barato es caro, por lo que optamos por contratar los servicios de Airam, la misma empresa que nos suministró el material el año pasado. Pero como su presupuesto es de 630.000 Ksh para los dos invernaderos, queremos ver si somos capaces de negociar con ellos un redondeo a 600.000 Ksh. Son duros de roer, así que les hago ver que tenemos otro presupuesto, pero que queremos hacerlo con ellos porque estamos contentos con sus calidades. Nos dicen que lo estudiarán.

Interior, listo para sembrar
Invernadero construido en 2018
Para el miércoles ya lo han «estudiado», pero, para nuestra sorpresa, nos dicen que el presupuesto es de 625.000 Ksh, pero que nos habían hecho ya un descuento de 10.000 Ksh por ser ya clientes del año pasado. Entonces les digo que el año pasado pagamos 615.000 Khs por el invernadero que ya está instalado, a lo que responden que sí, en efecto, pero que resulta que el año pasado el presupuesto era de 640.000 Ksh y nos lo dejaron finalmente en 615.000 Ksh. Yo creo que ni ellos mismos se han creído su propia mentira. O sea, que este año nos descuentan 10.000 Ksh por ser clientes habituales y el año pasado, que era la primera vez que trabajábamos con ellos, nos hicieron un descuento de 25.000 Ksh. Ahora sí que me han dado pie a decirles que, o hacen una rebaja, o compramos el material en la competencia. En Kenia se negocia todo, y esto no iba a ser menos. No sé cómo saldrá la jugada, pero de momento ya han visto que no vamos a tragar con el primer precio que nos den.
Listado de materiales necesarios

Para el miércoles 10 de julio ya tenemos avanzadas las negociaciones de los dos presupuestos y la lista completa de las máquinas necesarias para el centro de rehabilitación. Las máquinas son más caras de lo que pensaba, pues solo la primera de ellas cuesta unos 1000,00 €. Por eso es importante conseguir una rebaja en el material de los invernaderos. Espero que, con un poco de esfuerzo y la ayuda de las almas caritativas que deseen colaborar para hacer realidad el proyecto del gimnasio, conseguiremos entre todos comprar las máquinas.

Aparte de esto, hoy quise regalar la bisutería que traigo a las señoras mayores. Ellas también tienen ilusión (quizás más) por estrenar una pequeña joya que lucir en las celebraciones dominicales de la misa. Sus caras son todo un poema cuando saco de mis bolsillos anillos y pulseras para regalarles. Si ver la cara de ilusión de un niño no tiene precio, ver la de un adulto es otro nivel… 
Pendientes

Anillo

Pulsera
De vuelta a casa, recuerdo que estamos en tiempos de correr los San Fermines, así que me apunto desde Kenia a mi particular carrera. Eso sí, en compañía del mejor amigo del hombre, una perrita que viene a donde quiera que vaya y a la que he bautizado con el nombre de Mila, en honor a una especie de infusión de chocolate que tomo a diario como sustituto del café (la infusión se llama Milo, pero el perro es hembra). No se puede decir que vaya protegido con ella, pues tiene pánico a los animales, especialmente a las vacas, por lo que, cuando se acerca una, sale despavorida hasta que pasan de largo. Mila es una perrita muy simpática que, un día, se acercó a mí por curiosidad. Entonces le di unas galletas que llevaba encima y, literalmente, las devoró. Desde entonces no se separa de mí y me espera siempre a la puerta de donde esté. Yo la sigo alimentando, y cuando no tengo nada, le ofrezco papaya, la cual acepta encantada. Creo que es la primera vez en mi vida que veo a un perro comiendo papaya, lo cual no deja de ser un claro indicativo del nivel del hambre que habitualmente padece. Me va a echar de menos la pobre el día que me vaya...  
A San Fermín venimos, por ser nuestro patroooooon....

Mila tiene miedo de las vacas y come papaya
La mañana la echamos en estas cosas, así que la tarde la tengo libre y, por fin, voy a ir a Tika, una ciudad a unos 30 Km de Mbiuni, para poder comprar comida más acorde a mis costumbres europeas. Desayunar café con galletas va a ser todo un lujo.  

miércoles, 10 de julio de 2019

Kenia 2019. Capítulo 2. Primer domingo en Mbiuni

Quería ir a misa de 7 para saludar a los más de mil niños que se concentran en la parroquia en torno al altar los domingos y que ya saben que estoy aquí, pero después de la paliza del viaje y la boda, cuando quise abrir el ojo, eran casi las diez de la mañana. Habrá que esperar al próximo domingo.

Dadas las circunstancias, me tomo el día de descanso y salgo a dar un paseo para saludar a los sacerdotes de la parroquia, ver un poco la comunidad desde esa carretera polvorienta que tanto extrañaba y, de paso, regalar a los niños caramelos y a las niñas un montón de bisutería que una amiga en Cáceres me proporcionó el último día en España. La cosa fue providencial, puesto que no tenía pensado ni por asomo traer tantos adornos femeninos: collares, pulseras, pendientes, anillos y demás artículos que cualquier mujer española tiene por doquier, pero que aquí son verdaderos tesoros en manos de unas niñas que ven en las revistas a las mujeres adornadas con sus joyas y sueñan con tener una algún día las suyas propias. Es tanta la alegría que les da recibir un anillo o unos pendientes que hasta me he encontrado con alguna niña que se ha puesto a llorar de la emoción mientras besaba su colgante. Esto no tiene precio, y doy gracias a Dios por poner en mi camino personas así, que piensan hasta en los más pequeños detalles que a uno se le escapan. Reconozco que, incluso, pensé en dejar la mayor parte de la bisutería en España por temor a pasarme de kilos o que me las quitasen en el control del aeropuerto, pero menos mal que no lo hice. Es más, para el año que viene ya sé lo que hay que sumar al equipaje. Y tú, ya sabes, si quieres, puedes ir preparando tus artículos de bisutería para las niñas de aquí, o de donde quiera Dios que vaya... 
Con sus collares nuevos...
Estos no quieren saber nada de joyas... ¡solo quieren chupachups!
En la parroquia me he encontrado con una sorpresa. Tres estudiantes de la India están aquí, pasando unos días y ayudando a la comunidad religiosa (indios también) en las tareas de los colegios que gestionan. Son estudiantes de lo que en España viene a ser Graduado Social y están en prácticas, acompañando a estos niños, que siempre agradecen una visita. Lo que me pregunto es cómo puede ser que estos indios tengan una piel tan oscura, tanto que hasta los propios keniatas parecen europeos a su lado. Parece que sigo siendo el único blanco del lugar…Y como el día es de relax total, lo acabamos con mis vecinos, los más pequeños que, como el año pasado, no dejan de rondar la casa donde vivo para ver si pueden jugar conmigo. Ellos están siempre dispuestos. Me miran, me tocan, me pasan la mano por el pelo y me pellizcan los pelos de los brazos, como si fuera un bicho raro. Este extraño «rito» tengo que pasarlo todos los años hasta que se acostumbran a mi color de piel. Lo bueno de todo es que los niños tardan poco el olvidar las cosas exteriores y se centran en las interiores, en las que les hacen felices: que juegues con ellos y, por supuesto, que les des golosinas. Pero ni labor no acaba ahí, sino que quiero hacer con ellos un experimento, igual que hice ya hace años en Perú con los más pequeños. Me he traído un disco duro lleno de películas, así que comenzaremos a proyectar las sesiones tardías de cine infantil. El primer día tenía solo tres espectadores, pero ya llegará el momento de que no quepan en la casa… Empezamos con "Ice Age".

Con las indias
Y así acaba este domingo, tan atípico como tranquilo. Me vendrá bien, pues a partir de mañana la cosa cambiará. Para empezar tengo que visitar St. Mary´s Rehabilitation Centre y hablar con la nueva coordinadora, la hermana Veneth Maria, para comenzar a trazar un plan de trabajo. No hay mucho tiempo y sí mucho que hacer.      

Pero, sin duda, lo mejor de este domingo ha sido la cena. Lo más parecido a lo que acostumbro a comer: tomate crudo con sal, cebolla frita y dos huevos fritos con una botella de aceite de oliva que me traje de España... esto no tiene precio. Eso sí, acompañado con chapati (derecha) y tsukuma wiki (izquierda). 

martes, 9 de julio de 2019

Kenia 2019. Capítulo 1. Lo primero, el viaje


Es ya un clásico el título del primer capítulo. Cada vez que pienso en un nuevo capítulo primero, recuerdo todos los capítulos primeros que, como no puede ser de otra forma, comienzan siempre con el viaje. Espero que Dios me dé las fuerzas, las ganas y la oportunidad de escribir muchos capítulos primeros más.

Bien, pues el viaje comienza en Almendralejo, como ya sabéis. El jueves, día 4 de julio, salgo rumbo a Cáceres para pasar el último día con mi madre y mi hermana. Al día siguiente será el vuelo, a las 15:45 horas, desde la T1 del Aeropuerto Adolfo Suárez de Madrid Barajas. Aprovecho el transporte de la Renovación Carismática, que tiene precisamente ese mismo día su Asamblea anual en Madrid, en Alcobendas. Salimos temprano, a las 7:00 de la mañana, por lo que llegamos a Madrid sobre las 10:30 horas, es decir, unas cinco horas antes del vuelo. Joseph Mukiti viaja conmigo porque el sábado, día 6, se casa su hermano en Mbiuni (Kenia), y quiere acompañarle, pues no hace mucho sufrió un terrible accidente que le ha dejado serias secuelas físicas.

Con las clarisas en Madrid
Una vez en el aeropuerto, nos encontramos allí con varias hermanas clarisas, una que está en Madrid, en la casa Madre de Barajas, y dos del Convento de San Pablo en Cáceres. Ellas han elegido un vuelo vía Emiratos Árabes, mientras que nosotros lo hacemos vía El Cairo. Y aunque ellas salen casi dos horas antes que nosotros, llegarán a su destino más de diez horas después. Dicen, las pobres, que han elegido esa ruta porque así llegan a Nairobi de día, ya que nuestro vuelo llega a las 3:30 de la noche. Su intención es ir a Emiratos Árabes para hacer escala allí, dormir en ese aeropuerto en el algún sillón y continuar su viaje después hasta Nairobi en la mañana. Hacer esto les costará como doce horas más de viaje que a nosotros, así que no lo entiendo muy bien. Hablando con ellas, les digo que si no les sería más rentable haber tomado nuestra ruta y, puesto que van a dormir en un aeropuerto igualmente, haber pasado la noche en el de Nairobi, al que llegarían a las 3:30 de la noche. Total, para pasar la noche en Arabia, mejor pasarla en su país. Así, al día siguiente, podrían ir a recogerlas de día, pero ellas ya estarían en Nairobi. Sin embargo, ellas seguían en «sus trece» y me decían que no me había enterado bien, pues lo que ellas querían era llegar a Nairobi de día… En fin, como ya no había nada que hacer, no merecía la pena seguir ese hilo de conversación para intentar convencerlas de nada.

Joseph y Georgina
Joseph y yo volamos con Egyptian Airlines. El avión hasta El Cairo está bastante bien, aunque es un bimotor y el espacio interior no es tan grande. Tiene filas de seis asientos con pasillo en el medio (tres asientos, pasillo y tres asientos). Al entrar, lo hacemos por la parte delantera. Como de costumbre, te hacen pasara por ahí por dos motivos. El primero es para que pases por la Business class, la veas bien y te mueras de la envidia, ya que esos pasajeros tienen sillones más anchos, largos y reclinables como camas. En lugar de ser tres por fila, son dos, con lo que cada fila tiene dos asientos menos (dos asientos, pasillo y dos asientos) que los nuestros. Así, el turista que viaja como sardina en lata se piensa volar en el futuro en uno de esos asientos, por un módico precio extra, claro está. Pero el motivo principal de la entrada por la Business class no es este, ya que hay otro, digamos «más humano», aunque yo prefiero decir «más mundano». En efectto, el verdadero motivo por el que a los viajeros de clase turista (los parias) nos hacen pasar por esos envidiables asientos no es otro que alimentar el ego de esos turistas de clase primera que, habiendo entrado antes que nosotros en el avión, ven cómo cada uno de los viajeros de la clase económica tiene que mirar con ojos de envidia. No en vano han pagado más por su viaje, lo cual ha de, como mínimo, satisfacer muchos egos. Así, el turista de clase primera tiene dos placeres: el primero, aparentar y exhibirse delante de los demás paa que seamos conscientes de su superior status y de su saneada economía; el segundo, viajar cómodamente y separado de nosotros por una insultante cortinilla que divide los dos habitáculos, el de los ricos y el de los pobres. Si uno va a un hotel de Mombasa a pasar el verano, seguro que no echará demasiada cuenta de esta división social, pero si a lo que se va a Kenia es a mezclarse con la gente más pobre y, dentro de esa gente, atender las necesidades de unos niños deficientes físicos y mentales sin futuro aparente, lo que siente es verdadera pena por esa alta clase que disfruta viendo cómo los demás les miran y les envidian. Ellos son el auténtico tercer mundo.

En El Cairo
Pues bien, el primer avión no era nada cómodo por el espacio, pero al menos era nuevo. Lo peor sería el segundo, que me recordaba más bien transportes en otros países en los que tuve como compañeros de viaje a ovejas, cabras y gallinas. Y, por supuesto, el espacio y la comodidad, iguales o peores que en el primer avión. Además, un retraso de casi una hora sin despegar hace que ya estés cansado antes de iniciar el vuelo. Y así llegamos a Nairobi, a las 3:30 de la mañana, casi 24 horas después de que, a las 7:00 de la mañana, comenzásemos a viajar desde Cáceres. Y cuando llegamos a Nairobi, las hermanas clarisas nos dicen por Whatsapp que están ya en Arabia haciendo escala y esperando el próximo vuelo. No quiero ni pensar cómo estarán ellas de cansadas cuando terminen con doce horas más de viaje que nosotros…

Casi siempre me toca el ala
En Nairobi tenemos suerte, pues, a pesar de haber llegado de madrugada, Robert y un amigo están esperándonos en el aeropuerto para llevarnos a Mbiuni. Todo ha salido bordado. Y ya en Mbiuni, comienza el día más agotador de mi vida. En efecto, sin descanso alguno, soltamos las maletas, nos aseamos un poco y nos vamos a la boda del hermano de Joseph. Ni que decir tiene que las bodas aquí no son como en Europa. Ya la propia celebración dura entre cuatro y cinco horas. Recuerdo bien cómo el sacerdote comenzó la celebración de la Eucaristía y, una hora después, todavía duraba la procesión de entrada de la novia, la cual no había llegado al altar entre bailes y jolgorios varios. Flores, confetis, niños vestidos con trajes de colores, bailes y demás parafernalias para acompañar a una novia que, en España, habría tenido ya agujetas antes de iniciar la celebración.

Y así hasta las diez de la noche… Al final, las monjas clarisas que habían llegado a casa doce horas después que nosotros, habían podido descansar mucho antes. Y es que la vida, a veces, da uno de esos giros inesperados que te  hacen pensar que no hay que alegrarse porque nos vaya mejor que a otros, ya que es muy posible que, al final, las cosas de los otros se enderecen, mientras que las nuestras se tuercen.

domingo, 4 de octubre de 2015

UNICEF Y SU TESTAMENTO "SOLIDARIO" (LA CAÍDA DE UN MITO)


Cuando uno piensa que ya ha visto y leído de todo, siempre hay quien consigue superar con creces el listón de lo políticamente correcto. En este caso, diría que más bien de lo inmoral.

Después de ver un anuncio en televisión que me ha dejado perplejo por su inverosimilitud, he acudido a internet para comprobar si es que no me había enterado bien o si, de verdad, la sinrazón humana no tiene límites, y terminé confirmando lo segundo.

Resulta que la, hasta ahora intachable UNICEF, ha tenido la “lucidez” de lanzar una campaña denominada “Testamento Solidario” en la cual nos animan a ir a un notario para redactar un testamento en el que les nombremos herederos absolutos de nuestros bienes. 

Sí, has leído bien, no me lo estoy inventando.

Desconozco quién es el artífice de dicha campaña, pero de antemano digo que deberían expulsarle cuanto antes, retirar ese ofensivo anuncio sin escrúpulos y tratar de buscar fuentes de financiación más dignas. 

Ver su página web resulta, cuanto menos, bochornoso, pues en ella nos animan, con la mayor naturalidad del mundo, a reescribir el futuro de miles de niños mediante una fórmula de colaboración algo extraña, pues nuestra forma de colaborar es morirnos. Sí, morirnos. 

¿Quieres colaborar con UNICEF? Lo tienes fácil: muérete. Pero deja antes firmado tu testamento ante notario, porque si no, tu muerte no habrá servido de nada y el futuro de los niños no podrá ser reescrito.

“Tú puedes hacerlo gracias al Testamento Solidario UNICEF. Un acto por el cual, además de dejar tu herencia a tus seres queridos, puedes destinar una parte o todo para seguir ayudando en el futuro a la infancia más vulnerable. Así, tu solidaridad se extenderá a futuras generaciones”. Estas son palabras textuales de su web.

¿Quieres ayudar a los niños? Pues nada, hazles herederos de tus bienes y así, cuando te mueras, podrás morirte tranquilo.

Se me ocurre pensar: ¿Qué pasaría si esta campaña, en lugar de ser de UNICEF, fuese de la Iglesia Católica? Es una pregunta retórica, no hace falta que contestes. Ya te digo yo qué es lo que ocurriría: al minuto primero del lanzamiento de la campaña habría cientos de denuncias a través de las redes sociales. Un poco más tarde, la noticia habría saltado a todos los telediarios del país, llegando incluso al escarnio en canales tan “imparciales” como La Sexta o Cuatro, quienes se cebarían con la noticia y la exprimirían durante semanas, o meses incluso. Algún obispo o cardenal, si no todos, tendrían que dimitir por la presión social que se generaría, y partidos políticos como el PSOE, IU o Podemos saldrían a la palestra para apuntarse un tanto haciendo ver a todos lo solidarios que son ellos y juzgar y culpabilizar a la Iglesia entera. Es posible que hasta la propia UNICEF saliera al paso para denunciar tal tropelía. Pero la realidad es que es una campaña suya, una campaña de UNICEF, así que ya te digo qué es lo que pasará: ¡nada! 

Ya me gustaría a mí ver la presión social que son capaces de ejercer esos misericordiosos, justos y tolerantes anticlericales que dicen luchar por un mundo mejor protestando contra este insulto a la raza humana en general y a los niños pobres en particular.

Pero no acaba ahí la cosa. Sigo transcribiendo las perlas de la web de UNICEF:

“Cualquier legado, por pequeño que sea, marcará la diferencia en las vidas de muchos niños en todo el mundo. Con un gesto muy sencillo podrás convertir tus ahorros en miles de vacunas contra la polio o el sarampión; tu coche en tratamientos contra la desnutrición aguda; tu casa en una escuela para que los niños reciban una educación”.

Y yo me pregunto, ¿existe algo más inmoral que utilizar a los niños pobres para financiar una ONG? ¿Vale todo con tal de conseguir el vil metal? Parece que sí. Parece que, como es para los niños, cualquier iniciativa es buena.

Se permiten explicar al detalle cómo hacerlo. Sigo transcribiendo:

“¿Cómo lo hago? No es necesario disponer de una gran fortuna para compartirla con UNICEF y reescribir el futuro de miles de niños en todo el mundo. Hay varias formas de hacer un testamento solidario: en el caso de que no tengas herederos, puedes nombrar a UNICEF como heredero universal, entregándonos todos tus bienes, derechos y/o acciones. En el caso de que quieras dejar tus bienes a más de una persona y/o institución, puedes nombrar a UNICEF coheredero, señalando en el testamento el porcentaje asignado a cada una de las partes. También puedes legar un bien concreto a UNICEF a través de un legado. Incluir tus deseos en el testamento es sencillo. Si ya lo tienes hecho, puedes contactar con tu notario para realizar una modificación”

Por supuesto, también puedes optar por llamar a un número de teléfono para que ellos te asesoren cómo hacerlo. Te aseguro que ese teléfono te lo descolgarán rápido, más rápido que el de solicitud de ayuda para un proyecto concreto o para pedir información sobre cómo ser voluntario de su ONG.

A mí me gustaría más que en su web apuntasen, para el conocimiento de todos, cuánto cuesta mantener una multinacional de las ONG´s como la suya, cuántos empleados tienen y sus sueldos, qué presupuesto tiene la entidad para cubrir los sueldos y gastos de su Junta Directiva, cuánto se gastan en alquileres, material de oficina, vehículos y medios auxiliares de todo tipo, viajes de representación, etc. Porque quienes nos dedicamos también al trabajo solidario, sabemos muy bien lo mucho que cuesta conseguir algo de dinero para sacar adelante proyectos que, generalmente, suelen ser denegados porque entidades como UNICEF acaparan la mayoría de los fondos. Nosotros, las pequeñas entidades sin ánimo de lucro, no damos trabajo, pero nuestra solidaridad vale tanto como la de una multinacional. Necesitamos fondos, pero los buscamos haciendo conciertos, galas benéficas, mercadillos, campañas de todo tipo y presentando proyectos a diestro y siniestro a una administración que no se cansa de cerrar la puerta solidaria.

Me gustaría saber qué porcentaje del dinero que anualmente recauda UNICEF va a parar a la ayuda real y qué porcentaje se destina a cubrir los gastos logísticos internos propios de una entidad tan grande que puede permitirse el lujo de gastar una burrada en anuncios de televisión en el mejor horario, tener páginas web de alta calidad y poner anuncios en periódicos, revistas, radios y webs de toda índole. Ya me gustaría a mí comprobar lo que una pequeña ONG podría hacer con ese dinero.

También me gustaría que, antes de pedir que los demás nombren a UNICEF heredera universal de sus bienes, los miembros de su Junta Directiva publicasen sus herencias, para que todos comprobásemos primero cómo ellos ya lo han hecho. Así nos darían ejemplo. 

Desde luego que no vale todo con tal de conseguir financiación, ni siquiera para una entidad que lucha por los derechos humanos básicos. Por eso, desde aquí, pediría a los responsables de UNICEF que rectifiquen, que hacerlo es de sabios. Que se sumen a las campañas de búsqueda de financiación por métodos más racionales y morales, como lo hacemos el resto. Siempre tendrán la gran ventaja de contar con todos los medios de difusión nacionales a su disposición, puesto que cuentan con poder económico para pagarlos. Mientras tanto, los demás tenemos que conformarnos con una financiación “puerta a puerta” y una cobertura de medios locales en el mejor de los casos.

Pero lo peor de todo este asunto no es que a UNICEF se le haya ido de las manos la técnica del márketing moralmente aceptable, sino que, al final, les saldrá bien la jugada y más de uno les nombrará herederos universales de sus pequeñas o grandes fortunas.

Hoy, por desgracia, las palabras “solidaridad” y “misericordia” son antónimas e irreconciliables. Yo prefiero romper una lanza por aquellas pequeñas entidades y asociaciones que siguen trabajando duro, sin percibir herencias, y en las que estas dos palabras siguen siendo sinónimas.